Bolonia: un análisis de clase
En estos últimos meses ha cobrado fuerza en diversas Universidades españolas la movilización, fundamentalmente estudiantil, frente a la reforma de las titulaciones universitarias para su convergencia en un Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado "proceso de Bolonia". Esta movilización, no obstante, tiene distintas dimensiones, que se corresponden con la complejidad de la situación de clase del estudiantado universitario. Sabemos que la Universidad hace años que dejó de ser un reducto elitista de los hijos de la burguesía. Pero sabemos también que los hijos de obreros siguen siendo una minoría en ella. En su mayor parte, su procedencia de clase es de trabajadores "intelectuales" y de capas medias, incluyendo profesionales liberales. A su vez, su "destino de clase" es diverso: en unos casos, pasar a dirigir el negocio familiar; en otros, ejercer una profesión bien remunerada, ya como "profesionales liberales", ya como asalariados con una retribución netamente superior a la renta media; y en otros casos, el paro o el subempleo, realizando tareas para las que no necesitan su formación académica o, en todo caso, con una retribución netamente inferior a la renta media, como los llamados "milieuristas"; a ello se añade también un porcentaje significativo que no llegan a obtener una titulación universitaria, cayendo así dentro de lo que llamamos "fracaso escolar". Dada esta complejidad de situaciones, hay que analizar en detalle el contenido de las reivindicaciones del movimiento estudiantil, para deslindar aquéllas congruentes con los intereses generales de la clase trabajadora de aquéllas que corresponden a otros intereses particulares. En el caso del movimiento frente a la aplicación del llamado "proceso de Bolonia", hay componentes que se corresponden plenamente con los intereses generales de la clase trabajadora y son congruentes con los objetivos socialistas, como la oposición a la privatización y mercantilización de la Universidad Pública, entendiendo tal "mercantilización" como la subordinación al mercado. Dicha subordinación, además, sería escasamente funcional a la Universidad, donde los ritmos de la formación educativa y de la investigación requieren una perspectiva a medio y largo plazo que no puede regularse de forma adecuada por el mercado. Y es un mérito del movimiento estudiantil haber forzado a diversos actores a pronunciarse en contra de la mercantilización de la Universidad Püblica, contribuyendo así al movimiento contra el neoliberalismo que cabalga en todo el mundo a lomos de la bancarrota de las políticas neoliberales expresada en la actual crisis global del sistema capitalista. Hay que señalar, no obstante, que tal mercantilización puede corresponder a las políticas neoliberales de una serie de Gobiernos y de la misma Unión Europea, pero no se deduce de las Declaraciones de Ministros Europeos que jalonan el "proceso de Bolonia", y que incluyen a casi todos los Estados europeos, de dentro y de fuera de la Unión Europea. Por ello no puede pasarse sin más de la crítica al mercantilismo al rechazo global del "proceso de Bolonia". Para ello es necesario pasar de la crítica al mercantilismo a la crítica de lo que sí es uno de los principios centrales de dicho proceso: la "empleabilidad". Se entiende por tal el hecho de que la obtención de una titulación universitaria capacite para el ejercicio de una profesión y permita encontrar trabajo en la misma. Naturalmente, dicho trabajo podrá encontrarse en la función pública, en un ejercicio independiente como profesional liberal, o como asalariado, es decir, en lo que se llama el "mercado laboral". La proporción en la que se den esas tres formas de trabajo dependerá de la estructura económica de la sociedad, pero en la medida en que una parte importante de ésta corresponda al modo de producción capitalista la "empleabilidad" supone que la Universidad prepare en buena parte a sus estudiantes para la incorporación al mercado laboral. No obstante, es importante distinguir entre el hecho de que los estudios universitarios preparen para la incorporación al mercado laboral, y por tanto que la Universidad eduque en buena medida para el mercado laboral, y la pretensión de que el contenido de dichos estudios se determine por una adaptación al mercado laboral. Lo primero es una necesidad para que la Universidad cumpla su función social en el marco de un sistema capitalista. Lo segundo sería profundamente disfuncional, como hemos señalado antes: dada la rápida evolución y variabilidad del mercado laboral, en el marco además de un desarrollo tecnológico acelerado, determinar los contenidos específicos de los estudios por las demandas actuales del mercado laboral no garantizaría su adaptación a las demandas de dicho mercado a la finalización de los estudios, 4 o 6 años más tarde. Por sus propios ritmos y naturaleza, los estudios universitarios requieren de una programación a medio y largo plazo, y no pueden regularse por el mercado, sino por una planificación del desarrollo socioeconómico y cultural. Y precisamente la planificación de un desarrollo sostenible requiere de la formación de profesionales creativos con capacidad investigadora e innovadora, cuya incorporación al mercado laboral (en la medida en que subsista el modo de producción capitalista) supondría una transformación del mismo. Es decir, en vez de "adaptarse" al mercado laboral, la Universidad impulsaría la transformación del mismo en el marco de una renovación tecnológica. Hay que señalar, además, que en este modelo de desarrollo el protagonismo principal corresponde a la creatividad del trabajo y no a las inversiones más o menos especulativas de capital privado, lo que precisamente crea condiciones adecuadas para la superación del capitalismo y el desarrollo del Socialismo (naturalmente, del siglo XXI) como un proceso de transformación democrática hacia una humanidad sin clases ni Estados, es decir, hacia lo que Marx llamó el comunismo. Ojo: no estamos diciendo que la "empleabilidad" conduzca necesariamente al comunismo. Pero sí que la perspectiva comunista, la vía socialista para la transformación de la sociedad, requiere de la "empleabilidad" de los titulados universitarios. En este marco, ¿qué sentido tiene el rechazo a la "empleabilidad" vinculado a la consigna del "No a Bolonia"? Hay que subrayar que no tiene sentido contraponer "formación profesional" con "formación humanística": también hacen falta, y cada vez más, profesionales formados en ciencias humanas, como la psicología, la pedagogía o la sociología, tanto en el sistema educativo como en las empresas (públicas o privadas), y la misma formación artística es un instrumento relevante para el fomento de la creatividad necesaria para lo que se llama el "I+D+i" (Investigación+Desarrollo+innovación). También, naturalmente, hacen falta historiadores, bien para la docencia bien para la investigación en el ámbito público. Otro problema distinto es el lugar de la filosofía en los estudios superiores, sobre el que debatieron Manuel Sacristán y Gustavo Bueno en 1970, pero ese es un debate específico que no debe confundirse con el debate global sobre el "proceso de Bolonia". De hecho, la oposición a que la Universidad prepare a sus estudiantes para trabajar, postulando una formación cultural al margen del ejercicio de cualquier profesión, sólo es consistente con los intereses de aquellos estudiantes cuyos medios de vida futuros no dependan de su formación académica, sino que están eventualmente garantizados por su origen familiar. Más allá de sus intenciones, éste el significado profundo de la consigna "No a Bolonia", consigna que se apoya también sobre el equívoco de su confusión con la justa consigna del "No a la mercantilización de la Universidad". (ver ADDENDAS en http://www.uv.es/pla/mo/boloclas.htm#ADDENDAS)
Entrevista Javier Navascués, Director de la FIM: "La FIM es un espacio abierto de debate para el avance del pensamiento de la izquierda"
En noviembre de 1978 el Comité Central del PCE decidió crear una Fundación de Investigaciones Marxistas que afrontase la lucha ideológica. La FIM sustituía a CEISSA, entidad cultural creada unos años antes. En el 30 aniversario de su fundación, Javier Navascués, repasa su historia y analiza los principales retos que afronta la FIM . Mundo Obrero: ¿Cuál ha sido la contribución
de la Fundación al pensamiento de la izquierda en España
en estos 30 años? En la segunda época de la FIM, que se corresponde con los años 80 y 90, la crisis del PCE, y de los partidos comunistas en general, supuso un acicate para el trabajo de la fundación. Propuestas como la de la Renta Básica y los análisis de la composición de clase así como algunos de los primeros balances de los cambios que se estaban produciendo en el mundo y que ahora llamamos "globalización" fueron objeto de atención. Destaca también el trabajo en materias como Urbanismo, Sanidad, Educación, etc., en unos años muy fecundos en el terreno programático, coincidiendo con la primera época de IU. En los momentos actuales se han generado aportaciones importantes, algunas más desarrolladas y otras más incipientes. Entre las primeras destacaría los trabajos de la Sección de Historia, incluyendo los dos congresos de Historia del PCE. También aparecen los debates y jornadas sobre economía del desarrollo, composición de la clase obrera y precariedad, el trabajo intelectual, la democracia participativa... En estos tres últimos años, a pesar de las dificultades económicas, hemos aumentado el número de actividades y de socios. También en esta fase la FIM ha empezado a ser un actor en la escena europea e internacional, a través de su participación en la Red Transform! Pero quizá la aportación sea la propia existencia de la FIM como un espacio de encuentro y debate abierto y no sectario, donde personas muy diversas pueden trabajar y discutir de cuestiones que son necesarias para el avance del pensamiento de la izquierda y que, desgraciadamente, tienen dificultades para hacerlo en otro ámbito. M.O.: ¿Cuáles son las actividades previstas para la
celebración del aniversario durante el curso 2008-2009? Por eso nuestro programa de actividades, digámoslo así, conmemorativas es bastante modesto. Pero no queremos dejar pasar la oportunidad del aniversario sin intentar aportar debates sobre problemas candentes para la izquierda hoy, máxime en unos meses en los que la izquierda española que se organiza alrededor de IU enfrenta un reto importante. Hemos previsto realizar dos debates públicos en Madrid, que intentaremos trasladar a otros lugares. El primero intentará hacer un recorrido por los principales debates y discusiones que se han producido en estos treinta años. El segundo presentará experiencias de recomposición y relanzamiento de las políticas de la izquierda en diversos sitios de Europa. También presentaremos la revista de Transform! en castellano que viene a sumarse a las ediciones inglesa, alemana, francesa y griega ya existentes. La tercera gran actividad será encuentro con personas amigas de la FIM donde se presentarán diversos proyectos que tenemos entre manos y para los que queremos pedir apoyo de todo tipo. Algunos son realmente interesantes, como poner en marcha un trabajo de archivo y catalogación de los materiales del PCE relativos a la transición. Creemos que hay un riesgo nada despreciable de que se pierdan materiales únicos en los que se encuentran muchas claves de la transición, más allá de la versión interesada que ahora es dominante y que atribuye a la "inteligencia" y la "buena voluntad" de algunos personajes el que se recuperara la democracia en este país. La transición democrática fue un proceso contradictorio y complejo en el que participaron muchos miles de personas y en el que el papel jugado por el PCE, y también sus renuncias, es fundamental para entender lo que se consiguió, y lo que no. M.O.: ¿En qué está trabajando ahora la FIM?
M.O.: ¿Cuáles son los principales retos de la FIM para
el futuro? El segundo tiene que ver con el anterior. Hay personas, sobre todo de universidades pero también de otros ámbitos, que están interesadas en compartir sus ideas, sus elaboraciones y sus propuestas con la izquierda política y social. La FIM puede - de hecho lo hace ya parcialmente - desempeñar un papel de lugar de encuentro no sólo con el PCE e IU, sino también con CC.OO. y otros sindicatos y, en general, con expresiones organizadas de la izquierda. La crisis actual demanda alternativas desde la izquierda y nadie las posee en exclusiva. Nacerán de la comunicación, el intercambio y la construcción colectiva. La FIM quiere contribuir a ese objetivo que, obviamente, no es un objetivo sólo nuestro sino una necesidad de toda la izquierda. El tercer objetivo es asegurar el sostenimiento de la FIM. La inexplicable decisión de la actual dirección de IU nos ha situado al borde de la desaparición, de forma que nos hemos reorientado hacia la investigación social y las actividades de menor coste. Las dificultades han dado lugar a problemas serios y decisiones dolorosas y nos han obligado a buscar financiación en base a "proyectos". Pero la FIM no es una ONG que presenta proyectos a organismos oficiales para obtener recursos. No hay organismos oficiales que financien un Congreso de Filosofía Marxista o una discusión sobre las políticas de los gobiernos de izquierda en América Latina. A la doctrina oficial no le interesa que se trabaje en investigar el papel que jugaron los y las militantes en la transición. Nadie te deja una sala para un curso de marxismo que dura cuatro meses. Necesitamos apoyo y asegurarnos la infraestructura mínima. M.O.: ¿Cómo será la campaña de socios
que se va a poner en marcha? ¿Qué argumentos se van
a dar a los afiliados y simpatizantes para que apoyen a la FIM? Puesto que este es el periódico del Partido quiero señalar que tenemos más socios que no son del PCE que socios que lo son. Comprendo que algunas veces se ve a la FIM como algo que está lejano de las ocupaciones cotidianas de agrupaciones y militantes, como algo que sólo tiene que ver con el Comité Federal. Pero no es así. Las organizaciones que recurren a la FIM nos han permitido preparar algunas de las actividades más interesantes y más satisfactorias. Hay un grupo de personas que voluntariamente trabajamos en la FIM y esa es nuestra militancia. Por eso necesitamos el apoyo del Partido a todos los niveles, para poder ser una herramienta que llegue a cuantos más sitios mejor.
La crisis viene para quedarse
Ante un enfermo tan grave, el sistema financiero internacional, que corrió el peligro de sufrir un colapso definitivo el fin de semana del 9 de octubre, los gobiernos han puesto en marcha un tratamiento de choque, con varios objetivos, en un intento desesperado de evitar lo peor. En primer lugar, tratan de impedir que las bancarrotas de los bancos -el corazón del sistema- se propaguen como un reguero. De ahí las decisiones de inyectarles liquidez y sanearlos, bien sea participando en su capital, caso de la Gran Bretaña, o comprándoles sus activos, los malos o tóxicos como en Estados unidos, o sólo los buenos, como asegura el gobierno español. En segundo lugar, quieren desatascar y lubricar los canales de circulación, ante la falta de riego monetario y crediticio de la economía, poniendo dinero fácil a disposición de las entidades, como está haciendo el Banco Central Europeo, o avalando los préstamos a la banca y las operaciones interbancarias, como ha decidido el gobierno español. En tercer lugar, pretenden que no se extienda como la pólvora el pánico entre los depositantes, lo que arrastraría al hundimiento del sistema, que se fundamenta en la confianza del público, y de ahí la carrera de los Estados por garantizar la totalidad de los depósitos bancarios, caso por ejemplo de Alemania, o de elevar significativamente la garantía, de 20.000 a 100.000 euros por titular y entidad, caso español. Cabe decir de inmediato que todas estas medidas, por dificultades de todo tipo y dado su carácter propagandístico y tranquilizador, se han quedado hasta ahora en parte en declaración de intenciones, sin que se hayan traducido en acciones eficaces para lograr los objetivos mencionados. Una cosa es predicar y otra dar trigo. No sólo hay dificultades técnicas para poner en marcha los planes de salvamento anunciados, sino también problemas difíciles de superar, e incluso objetivos imposibles de cumplir. Tal es el caso del saneamiento de los balances de los bancos con fondos públicos, pues los Estados tendrán que acudir masivamente a los mercados para colocar deuda pública en unas cantidades tan colosales, cientos de miles de millones de euros o dólares, que los mercados obturados y dominados por la desconfianza no están en condiciones de absorber. Y si llegaran a conseguirlo, sería en gran medida por las compras de deuda pública de los particulares, con las consiguientes retiradas de sus depósitos de las entidades financieras, con lo que.... lo comido por lo servido. Las intenciones son una cosa, las posibilidades reales de cortocircuitar eficazmente la crisis financiera otra muy distinta. Así que se puede llegar a la conclusión de que, superado un momento dramático, el enfermo continua grave, es capaz de provocar mas momentos de pánico generalizado, un desenlace fatal no es descartable y, en la mejor de las expectativas, su curación requerirá de mucho tiempo, años, lo que determina un futuro económico depresivo y lleno de dificultades. Para la economía española, estos pronósticos hay que agravarlos acusadamente. La crisis inmobiliaria aún no ha desencadenado sus completas repercusiones financieras, si bien el ritmo al que crece la morosidad avisa de los peligros. Los recursos necesarios para financiar el déficit de la balanza por cuenta corriente, unos 100.000 millones de euros anuales, en torno al 10% del PIB, acentúan las dificultades del sistema financiero español al depender tanto de los mercados exteriores. Y estos déficit crecientes en los últimos años han generado una deuda externa neta que supera los 700.000 millones, el 70% del PIB, lo que complica aún más la financiación, pues el país ya no goza de total confianza como buen deudor: los tipos de interés que se pagan están más de medio punto por encima del de otros países considerados más solventes. Para colmo, esa deuda neta, 0,7 billones de euros, es la diferencia entre los activos y los pasivos de la economía española con exterior, y estos últimos ascienden a más de 2 billones de euros, con sus correspondientes cargas de intereses y compromisos de amortización. Añádase, por último, que la recesión que cabe esperar de la economía española será más intensa que la que sufrirán otros países del entorno, aunque sólo sea por la crisis de la vivienda, y que la recesión entraña a su vez complicaciones financieras, ya que degrada la calidad de los activos financieros hoy todavía sanos. La caída de las cotizaciones ahí está para demostrarlo. Se puede concluir, pues, que de modo inexorable se abre un periodo temible, plagado de riesgos y problemas económicos y sociales, con muchas incertidumbres, pero también preñado de esperanzas para la izquierda. Paradójicamente, la crisis financiera aún no ha explotado en nuestro país (afectado sí). El gobierno alardea de ello y cree que tiene la situación bajo control. Nada de ello es cierto. A la hora de hacer previsiones es un desastre: basta recordar que hace apenas unos meses hablaban del pleno empleo. Confiar en este gobierno para superar la crisis cae en el terreno de la fe: es como creer en los milagros de la virgen de Lourdes. Cabe preguntarse de donde se obtendrán los 50.000 millones euros con los que pretende adquirir activos a la banca española y si esa cantidad permitirá abrir las espitas del crédito. Eso sí, ha dejado bien claro, como socialista que es, que de entrar en el capital de la banca o de crear un sector financiero público, nada de nada, ¡hasta ahí se podía llegar! Que nadie se confunda. La crisis financiera sigue, la depresión económica está llegando para quedarse y se ha de tener siempre presente que si todo esto fuese un mal sueño, al despertarnos aún habría que soportar la amarga realidad de una economía cuya situación competitiva en el contexto del mercado y la moneda únicos arroja un déficit exterior de más del 10% del PIB. * Economista
Ladran pero no cabalgamos
Una ingente cantidad de editorialistas, redactores, tertulianos, analistas reputados de sesudos, showmen de magazines y en general todos aquellos y aquellas que quieren sentar cátedra de fieles alineados con "nuestra democracia", la Constitución y el "mundo libre", vierten un día tras otro, las consignas que sus propietarios les marcan en la hoja de ruta del quehacer periodístico cotidiano. Fotos trucadas, silencios mendaces, tergiversaciones clamorosas y artículos de escritores laureados conforman el diario menú con el que se nutren periódicos, revistas, radios y televisiones. Los gobiernos de Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, etc constituyen el blanco de sus dicterios en el marco de una referencia descalificatoria más global; el comunismo y las políticas "populistas anti-mercado". Y no se trata de análisis más o menos aviesos pero con un mínimo de datos y rigor o de exposiciones que se basen en un trabajo previo (siquiera tendencioso) de investigación, sino de torrentes y torrentes de baba sazonados con zafiedad, estulticia y ausencia total de deontología profesional. Desde todos los puntos cardinales se lanza una permanente descalificación a las ideas comunistas o simplemente de izquierda consecuente. Programas en los que la revolución soviética se equipara al nazismo o al fascismo en todas sus encarnaciones, tergiversaciones o silencios de hechos históricos que podrían demostrar, siquiera con tacañería, aportaciones, realizaciones y logros conseguidos en nombre de otra forma de entender la economía, la política, las relaciones sociales o las preferencias a la hora de redistribuir la riqueza. Es más, cuando las zaheridas víctimas de sus desafueros verbales son ejemplos clamorosos para este mundo occidental nuestro, en la práctica de la democracia hasta extremos no usuales por estos pagos, se les ridiculiza, cuestiona y coloca en la picota. ¿Por qué? ¿Cuántas ojivas nucleares tienen estos países? ¿Están en peligro los niveles consumistas de nuestra sociedad? ¿Son menores los latrocinios de nuestras empresas allí instaladas por ser españolas?¿Qué tiene de malo que se pretenda dignificar y elevar el nivel de vida de todos sus habitantes sin exclusión? ¿No son acaso mandatos imperativos de las Naciones Unidas el conseguir que todos los DDHH se extiendan a toda la población? ¿Pero no habíamos quedado que el comunismo ha fracasado y carece de cualquier posibilidad de renacer?¿Es que Fukuyama no extendió bien el acta de defunción de esta "quimérica idea"? ¿Acaso no han saludado a las organizaciones ,otrora de izquierdas, cuando éstas se bañaban en el Jordán de la "izquierda posible"?¿No es cierto que habéis vencido y la "bendita globalización" avanza en la resolución de las lacerantes diferencias internacionales y sociales? La cuestión radica en otro sitio. Tras la "derrota del comunismo" las ideas del libre mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido darían paso a un mundo libre, sin gastos armamentísticos y de democracia elevada a su máxima expresión. Fue lo que vino en llamarse La Utopía de los años noventa. Incluso dentro de las formaciones comunistas y colectivos de izquierda se instaló el pesimismo, la duda sobre la propia identidad y el éxodo hacia otras formaciones políticas que representaban la izquierda no cutre (Felipe González dixit) y no moderna. El Liberalismo, libre de sus cargas y rémoras imputadas a la Guerra Fría, podía entonces mostrar al mudo su munificencia, las bondades del credo liberal y el imperio del derecho democrático. La Socialdemocracia o izquierda puesta al día, e incardinada consecuentemente en el mundo de hoy, podía demostrar ahora cómo el Socialismo del Siglo XXI era posible sin tener que soportar la carga política de ser relacionada, ni siquiera de lejos, con los derrotados. El problema de las guerras de agresión protagonizadas por la OTAN , USA y "el mundo libre" en esa misma década y la siguiente, la aumentada producción de armamentos, las más de cincuenta guerras olvidadas por los medios de comunicación, la corrupción instalada en los entresijos del Estado, la amoralidad de los negocios rápidos y rapaces postulada como la nueva frontera de la Modernidad por ministros como Solchaga, la entrada a saco en los bienes y fondos públicos, el crimen de Estado, etc mostraban que el problema era otro; estaba en ellos y en su sistema. La mayor crisis conocida: económico-financiera, energética y alimentaria, el crac permanente de las instituciones crediticias del Imperio y su incidencia en el resto del mundo, el desmontaje del Estado del Bienestar, allí donde lo hubo, junto con el crecimiento exponencial de las diferencias de todo tipo, han dejado a los sacerdotes de la nueva religión anonadados, estupefactos y confundidos. Ni siquiera las medidas que en otros tiempos funcionaban se muestran incapaces; los fondos públicos a esquilmar no son ilimitados; la libertad de mercado es hollada en nombre del intervencionismo estatal a fin de salvar a los poderosos; los países dependientes en vías de desarrollo protestan contra el intercambio desigual y el proteccionismo de los ricos. Y como trasfondo sombrío el repunte de una nueva Guerra Fría con su carrera de armamentos incluida. No tienen salidas desde sus esquemas; sus recetas les fallan porque el sistema que los aúpa ha dado la vuelta al mundo y ya no hay espacios nuevos que explotar; por otra parte, en los viejos la competencia es terrible. Y es ahí donde está la clave del resurgimiento del lenguaje, los métodos y la propaganda de la Guerra Fría: el horno está preparado para la cocción de una alternativa de izquierda global, continental y estatal. Los ejemplos de otras formas, otros métodos y otras utopías concretadas día a día en pequeños países y en pequeñas parcelas de la realidad es demasiado evidente. En el fondo atisban que aquello de que Otro mundo es posible no parece quimérico, Saben perfectamente que la Utopía puede hacer transacción con la realidad, enraizarse en ella y producir con dificultades y esfuerzos, avances, logros y conquistas para la mayoría. Les aterra de nuevo el fantasma del Comunismo. Si no fuera así ¿por qué molestarse tanto en alancear al supuesto moro muerto? El problema es que ellos ladran, pero al contrario del refrán, nosotros no cabalgamos. La situación clama por la construcción de una alternativa total desde la izquierda. La necesidad de una respuesta en programas, propuestas, valores, acción política, movilizaciones y organización consecuente con todo ello es más que urgente. Se perfectamente que no puede improvisarse de la noche a la mañana pero recordemos aquello de la paciencia impaciente. Y es aquí, en esta tesitura donde nosotros con nuestros problemas estamos insertos y tejiendo constantemente un velo de Penélope para uso interno. Intensifiquemos el trabajo para que la Asamblea de IU sea el comienzo de un proceso con dos vectores o líneas de fuerza : la Refundación de nuestras herramientas y de manera simultánea y paralela la construcción de una amplia alianza que abarcando desde La Economía, El Estado, los Valores, la Ética y la Democracia promueva desde aquí, y en íntima sintonía con los demás de otras latitudes, el renacer de un tiempo nuevo.
Crisis, ¿qué crisis?
Mientras los ciudadanos sufren desde hace más de un año los efectos de la grave situación económica, el gobierno se devana los sesos para buscar eufemismos que definan la situación sin contemplar de forma firme y concluyente que estamos en una crisis de calibre grueso y con muchas variables que la hacen diferente de otras. Pero ¿de qué crisis estamos hablando?. Una crisis que ha sido el efecto de la financiarización de la economía, es decir de la especulación financiera, de la búsqueda del mayor beneficio con el menor esfuerzo desde todos los ámbitos de la actividad económica y con el placet de las fuerzas políticas que tienen el liberalismo como doctrina política, bien sea el neo(liberalismo) o el social(liberalismo). Una vez más el mercado no ha asignado los recursos de forma que hayan solucionado las necesidades de los seres humanos, de países o zonas enteras del planeta. La globalización capitalista ha dejado en la última década guerras, hambrunas, la ampliación de la brecha de la desigualdad, los mayores incrementos de los beneficios de la historia más reciente. Los ciudadanos despiertan del sueño de la abundancia y sufren en sus carnes ya los efectos de la "no crisis" económica. Aquí es necesario recordar que la economía tiene sus ciclos, si bien en los últimos años son más largos, y que el problema no es un determinado momento de la coyuntura, es el modelo y el PP y el PSOE tienen un modelo muy parecido, lógicamente con variables que a los ojos de unos ciudadanos imbuidos en una realidad virtual parecen distintas. Con el PP primero y con el PSOE después, o viceversa, las variables económicas han sido las mismas, pero se ha agotado el ciclo. ¿Quiénes son los que más sufren la "no crisis"? Primero, los inmigrantes, llamados a la sociedad de la abundancia, al paraíso, que ven truncado sus anhelos y esperanzas y cómo la vieja Europa aprueba normas infames para su retorno después de haberlos explotado y utilizado para el crecimiento económico de sus países y para pagar las pensiones de los nativos de origen. Segundo, las mujeres y los jóvenes que ven como se hace más difícil su incorporación al trabajo y por tanto, con plenitud, a la sociedad y los terceros los trabajadores y las trabajadoras que verán mermados sus derechos y condiciones laborales y salariales, como siempre que hay una situación económica difícil. ¿Que hacer? Después de meses de ceremonia de la confusión, de la falta de definición y de la parálisis, la sociedad y la clase trabajadora necesita que se le explique la realidad y desde la izquierda transformadora proponer alternativas para que nos vean y nos sientan como suyos y, no ajenos a sus problemas, solo preocupados por el debate partidario, y eso se hace con la vieja receta de salir a la calle a explicar y defender nuestras posiciones, nos tienen que ver cercanos. Nuestras propuestas, además de entendibles, tienen que ser creíbles e ideológicamente eficaces, es decir, posibles en un tiempo perceptible a los que sufren esta situación y que creen que otra sociedad y otro mundo es posible. Explicar y proponer un modelo económico y de desarrollo social que cuestiona el actual neoliberalismo y que presenta cambios y transformaciones en la realidad actual y perspectivas de futuro a los que decimos y queremos representar. En este sentido la planificación democrática de la economía no es un hito del pasado, es un elemento de futuro, en la medida en que ha quedado demostrado por enésima vez que el mercado no regula ni produce la igualdad ni los medios necesarios para la subsistencia de inmensa mayoría de la población. Planificar democráticamente la economía para establecer mecanismos en los que estén cubiertas las necesidades básicas de alimento, vivienda, salud, educación y trabajo con todo lo que ello implica, en el tiempo actual es una verdadera revolución. Planificar democráticamente la economía es que esta sirva a la mayoría social y no la minoría privilegiada, es tomar partido por la población española y no por una parte ínfima de ella. Para ello es necesario establecer en esta situación social algunas premisas: una banca publica que de respuesta a las necesidades de la población endeudada, a la pymes y al sector cooperativo, de la económia social (estas últimas son las más empleo crean) que necesitan apoyo mediante actuaciones sobre sus operaciones garantizando no solo la viabilidad sino también el futuro. Los medios económicos del Estado no están para salvar grandes fortunas, están para garantizar el empleo y los derechos sociales. Como primer paso se debe realizar una actuación decidida sobre las cajas de ahorro en esta línea. Establecer sectores públicos estratégicos que garanticen el funcionamiento de los servicios a los ciudadanos desde condiciones asequibles y objetivas, tomando como prioridad el bienestar social y no la tasa de beneficio de los de siempre como son el sector energético, el del transportes y comunicaciones, planificación del suelo, la educación, sanidad y alimentación estableciendo para ello los pasos necesarios a medio plazo. Una propuesta federal y solidaria sobre la financiación de las instituciones, dando preponderancia a los ayuntamientos, terminando con la "nueva centralización" en las Comunidades Autónomas y culminado la segunda descentralización hacia el poder local. No sirve para ello el debate establecido por el gobierno y las comunidades en la actualidad, además de maniqueo, es torticero. Un modelo social, en el que la sociedad disfrute la máxima de los tres tercios: un tercio del tiempo para el trabajo, otro para el ocio y el otro para el descanso, para ello es necesario cambiar la mercantilización del ocio y la cultura en el grado extremo que existe en actualidad, establecer la jornada de trabajo d 35 horas y con ello un marco salarial suficiente, la estabilidad y la seguridad en el trabajo con los mismos derechos para todos y todas. Para todo ello es necesario establecer con quién y cómo queremos o podemos hacerlo, establecer la política de alianzas y de prioridades. Esta política de alianzas, obviamente, debe hacerse entorno al programa colectivo, el programa que identificándose con los sectores más dinámicos de la sociedad, se haga identificable por organizaciones sociales y sindicales con las que podamos establecer el marco unitario de actuación. Ardua pero ilusionante tarea para los comunistas, las gentes de izquierdas y para la izquierda transformadora. Ginés Fernández
Glosas impertinentes
Somos proclives, por naturaleza humana y también por hábitos políticos malsanos, a acumular esfuerzos en pos del apoyo a una declaración, informe, resolución o propuesta de trabajo para inmediatamente olvidarla y poner el énfasis en otra cosa. Pareciera como si nuestra misión como colectivo consistiera en lograr consensos en torno a piezas literarias las cuales pierden su interés una vez aprobadas. Naturalmente que esto tiene una lectura más que preocupante. En el fondo de la cuestión se trata de llegar a un armisticio entre las diversas partes contendientes y una vez proyectada la reconfortante idea de unidad cada uno sigue con su tarea predeterminada. Y esto que es grave en cualquier situación, en ésta es trágico. La Conferencia del PCE celebrada los días 28 y 29 de junio tuvo un éxito alentador. El Partido lograba, con evidentes manifestaciones de satisfacción y también con no menos evidentes suspiros de alivio, un acuerdo en torno a la concepción que de IU tenemos y debemos tener. El documento tiene rigor en el análisis, correcta ubicación en la coyuntura, capacidad de convocatoria y un proyecto de IU que huyendo de las generalidades y declaraciones vaporosas desarrolla a través de puntos y compromisos concretísimos la Refundación de IU como objetivo, proyecto político y labor inmediata que el PCE hace a toda IU y por supuesto a aquella parte de la sociedad que tiene como interés común objetivo y subjetivo CONSTRUIR LA ALTERNATIVA. Es decir una tarea de regeneración y crecimiento en absoluto endogámica. Dicho de otra manera, la Regeneración de IU viene de la mano de un proceso participativo y constituyente desde las asambleas básicas e irradiando desde ellas haces de alianzas y estructuras tanto horizontales como verticales. Supongo que todos y todas los que dimos nuestro voto, inmensamente mayoritario, a este proyecto nos comprometimos "in mente" e inmediatamente, a poner nuestro esfuerzo personal y colectivo al servicio de esta estrategia. Y al hacerlo supongo que fuimos conscientes de que se necesitaba un despliegue organizativo especial para llegar con la propuesta a todas las asambleas básicas de IU y a todos los colectivos posibles. Estaba claro, pienso yo, que éramos conscientes también de que este era el único camino para conseguir una Refundación de IU enraizada en los contenidos que le dieron vida en 1986, los que desarrollamos con posterioridad y las nuevas visiones hijas del momento, tal es el caso de la apuesta por la III República. Y junto a ello, con un especial interés, los compromisos personales y orgánicos contemplados en la decisión del Partido en su Conferencia de junio y que hacen referencia a la renovación de direcciones. Y al llegar aquí planteo una serie de interrogantes que en mi caso son puramente retóricos ¿Y si no conseguimos la mayoría suficiente? ¿No es preferible asegurarla previamente y después pasamos a desarrollar el proyecto? ¿No es conveniente, con antelación a toda iniciativa asamblearia, conocer las fuerzas en presencia? ¿Podemos obviar el diálogo, el acuerdo y la negociación en el interno de IU? Estas preguntas tienen sin duda un pedigrí de razonable prudencia que les confiere a primer golpe de vista, un marchamo de "savoir faire" político. Lo que ocurre, y de ahí su peligrosa improcedencia, es que se plantean sin haber desarrollado y agotado todo el plan que se desprende de la Conferencia del PCE. No debe olvidarse que las decisiones acerca de cambios, relevos, línea política, posibles acuerdos y estrategia y táctica a seguir son el corolario, el resultado, la consecuencia de un amplísimo proceso que desde abajo vaya conformando, precisando y planificando el proyecto que se someta a debate. Ahora o nunca. De no ser así caeremos en la enésima y estéril tentación de sustituir el debate por los acuerdos de gobernabilidad, sin haber consolidado antes y desde la participación abierta, nuestra fuerza como colectivo que pretende refundar IU. No es cierto que haya terminado el período de documentos y que comience el de acuerdos para conformar direcciones. El período de debate y toma de posición ante la propuesta refundadora comienza ahora, cuando debemos abrir la participación que conduzca a una posición consecuentemente respaldada por la organización y el entorno de izquierda más afín con el proyecto. La Conferencia del PCE no acabó el 29 de junio debe comenzar ahora poniendo en marcha el proceso constituyente para la refundación de IU. Esa es la tarea, que consecuentemente con lo aprobado, debe ponerse en marcha desde todos y cada una de las organizaciones del PCE desde el diseño federal que se apruebe. La traslación de la Fiesta-PCE 2008 para más adelante ha sido un revés para el impulso del proyecto. Sin embargo y admitiendo que quizás no era posible realizarla ahora, eso no puede significar posponer la organización del proceso de debate. Nos jugamos demasiado para que la contrariedad de la suspensión de nuestra Fiesta sirva para poner sordina o frenos al trabajo con el que el PCE se ha comprometido. He leído los acuerdos y tareas que se han programado para el otoño; son acertadas y se ciñen a las necesidades que abruman a los trabajadores y asalariados en general. Es muy importante organizar la movilización y tensar nuestras fuerzas pero ello no es posible si de manera paralela y simultánea no se organiza la participación que conduzca a una IU consecuente y combativa. Y eso solo es posible dando la palabra a la gente y enfrentándonos cada uno y cada una a nuestras responsabilidades en la tarea de convocar abrir y construir a plena potencia la nueva IU. Cuando se acude a una mesa de negociación cada parte lleva sus credenciales. Y estas no son otras que el respaldo con el que cuenta cada una. Los que apoyamos el resultado de la Conferencia del PCE estamos en fase de habilitar, extender y potenciar nuestras credenciales; es nuestra obligación. Unas credenciales que en nuestro caso deben venir desde la fuerza que consigamos articular desde la participación en el sentido más amplio de la palabra. Después ya veremos. Y es precisamente en ese proceso donde debemos inexcusablemente, dar ejemplo aplicando en nuestra propia carne política, organizativa y personal lo que el 29 de Junio tan ampliamente votamos. No hay otro camino.
Una oportunidad de oro Julio Anguita González / jul-ago 08 La sorprendente votación ocurrida en el Consejo Político Federal de IU el pasado día 14 de Junio sitúa con meridiana claridad la correlación de fuerzas. Pero además señala, cara al inmediato futuro, cual debe ser la metodología a seguir hasta la celebración de la Asamblea Federal de Noviembre. Sigo manteniendo que la Refundación de IU no puede hacerse mediante una operación en exclusiva clave endogámica; lo ocurrido en el citado Consejo Federal abona la tesis de la necesaria incorporación al debate e implicación en el despliegue de IU, de miles de personas que conjuntamente con colectivos alternativos pueden quitarle al debate la tremenda carga de la interiorización con que hoy éste se manifiesta. Creo que los esfuerzos por llegar a acuerdos cupulares en aras de una imagen de consenso cara a la galería y a las bases de la organización ha tenido el resultado ya conocido. A mi juicio se impone otra estrategia que debe implicar a miles de personas: militantes, simpatizantes e invitados y a todos los cuadros del PCE e IU que estén por las tesis que concretan y desarrollan la Refundación de IU. Por eso creo que lo ocurrido el 14 de junio puede, paradójicamente, ser una ocasión para conducir el debate, la participación y la organización hacia objetivos y métodos más concordes con la IU fundada el 27 de abril de 1986 y desarrollada en los sucesivos años. Desde ya, debe concebirse, planificarse y asumirse una operación que peine literalmente la geografía del Estado Español y desarrolle en ella encuentros, debates, compromisos e incorporaciones al proyecto de refundar IU desde los parámetros que compartimos. La Fiesta del PCE debe ser el inicio de lo que previamente se planifique, discuta y acuerde. Todos los efectivos deben asumir con anticipación su trabajo y dedicación. Sería un error sustituir los encuentros, coloquios, debates y asambleas de todo tipo por desfiles de dirigentes ante la pasarela, mítines y actos de afirmación. Esta labor debe ser mucho más callada y eficaz; el papel de los cuadros medios debe ser especialmente cuidado ya que de ello depende el éxito de la tarea. No estaría de más que se organizase una programación de debates entre dirigentes de distintos niveles para confrontar las diferencias existentes entre los documentos (porque diferencias haberlas, haylas). Invitar a personas y otros colectivos a participar en nuestros debates es una idea que debe desarrollarse con precisión, cuidado y sin alegrías y espontaneísmos productos de la improvisación. Esta es una ocasión para hacer aquello que fue programado para el inicio del debate del Manifiesto-Programa y que tan magros resultados ha dado hasta hoy. Quiero subrayar que esta operación de despliegue político y organizativo debe ir precedida del convencimiento y la subsiguiente aplicación práctica de que métodos, funcionamientos y prácticas enmarcadas en atmósferas inquisitoriales deben erradicarse motu propio y a instancias de las direcciones pertinentes. La Refundación y el debate que pueda suscitar es también una ocasión para corregir yerros y actitudes que están en total discordancia con el espíritu y la letra de lo que postulamos. No se trata de vencer a cualquier precio sino de vencer, convencer, incorporar y crear un proyecto político de izquierdas, respirable, alternativo y revolucionario.
Racismo y xenofobia como instrumentos de Estado Susana López / jun 08 De lo que está sucediendo en Italia, no es fácil discernir si lo más sobrecogedor es la persecución de inmigrantes y la destrucción de campamentos de gitanos o el hecho de que el fascismo explícito haya pasado a formar parte, de manera "natural" -por el voto ciudadano- de nuestra "normalidad" democrática. El discurso racista y xenófobo era, hasta hace bien poco, patrimonio exclusivo de la extrema derecha, arrinconada y estigmatizada, en nuestras sociedades desarrolladas, desde las fuerzas políticas y las instituciones democráticas, y con escaso respaldo de la población; un respaldo cuyo análisis, sin embargo, señalaba el punto débil del sistema: el discurso racista y xenófobo calaba profundamente en los colectivos más excluidos y depauperados. Aquellos a los que el Estado ni el bienestar llegaron nunca o a los que las políticas neoliberales va dejando en la cuneta. Con la brevedad -y la renuncia a matizaciones- que impone el espacio de que dispongo, señalaré los tres elementos fundamentales que, en mi opinión, han dado lugar a una situación que no hace mucho resultaba impensable en la Europa que se definía de los derechos y las libertades: 1) La inseguridad -vital e identitaria- que genera el avance imparable de la globalización económica bajo el imperio del capital especulativo, no solo afecta a las capas social y económicamente excluidas sino a segmentos cada vez más amplios de población trabajadora y de las clases medias; 2) la respuesta débil -cuando no cómplice- de la izquierda política y sindical (las voces críticas somos muy minoritarias y con escasas posibilidades de proyección pública), que ha hecho omisión de su deber político y ético de combatir las proclamas disgregadoras, que fundamentalmente buscan prender en la clase trabajadora, cada día más numerosa, pero a la vez más vulnerable, dividida y debilitada; 3) la constatación de que el discurso racista y xenófobo, más o menos maquillado, es, en estas circunstancias, un granero de votos, mientras que la defensa de los derechos universales, de la justicia y la igualdad para con los "otros", los detrae. La derecha se lanza en tromba a por ellos, pues, en esencia, no le supone grandes contradicciones con su ideario; el social-liberalismo y otros sectores que se reclaman de la izquierda, temerosos de perder apoyos, se han ido incorporando a esta marea negra -de manera vergonzante unas veces, otras no tanto, legitimando el proceso de degeneración democrática. Las últimas campañas electorales en países significativos de la UE como Francia y, más extremadamente, la propia Italia, ante el malestar creciente de sus poblaciones por la degradación de sus condiciones de vida, han abundado sin pudor alguno en la vía "fácil" de señalar un causante principal (el diferente, el extranjero, el "otro") de los problemas más sentidos y nunca resueltos. El aumento de la desigualdad y la pobreza, la inestabilidad en el empleo y las incertidumbres ante el mañana, el retroceso del Estado protector…, son las causas reales de una inseguridad que, convenientemente manipulada desde instituciones y medios de comunicación (y sin un discurso fuerte consecuente desde la izquierda para contrarrestarlo), busca culpables en los que "razonablemente" poder volcar sus frustraciones, como se ha manifestado con crudeza e inmediatez en la violencia desatada por los pobres de los barrios contra los miserables de los campamentos gitanos en Nápoles (Sudáfrica, de momento, queda un poco lejos). Resulta curioso ese afán de "limpieza" de la suciedad y de la delincuencia que imputan a inmigrantes y gitanos, en una ciudad invadida por toneladas de inmundicias y dominada por la Camorra. Pero su expresión más acabada y conveniente para el sistema es el trueque que se ofrece al conjunto de la sociedad, previamente atemorizada, de seguridad a cambio de derechos y libertades, estableciendo una incompatibilidad entre éstos y aquélla que pervierte y tiende a anular el Estado de Derecho, dejando al ciudadano indefenso ante un Estado cada vez más autoritario, represor y corrupto, al servicio de los intereses de las grandes multinacionales y del capital especulativo, que esquilman a los pueblos y ponen el peligro el planeta. Sin embargo, nadie parece preguntarse si una vez que se haya hecho una verdadera limpieza étnica y de gente de mal vivir, que comete el crimen de venir a trabajar "sin papeles" (¿quién puede conseguir un contrato de trabajo estable en el reino de la precariedad y del trabajo en negro?) a una Europa en decadencia demográfica y necesitada de mano de obra (en lo que todos coinciden), habrá una distribución más justa de la riqueza que entre todos producimos, volverá la estabilidad en el empleo, la vivienda estará al alcance de quien la necesite, la educación y la sanidad serán gratuitas y de calidad, habrá escuelas infantiles para los pequeños y nuestros mayores serán atendidos con dignidad y, en fin, desaparecerán las Camorras y otras mafias familiares tan nuestras del crimen organizado, de tal forma que podamos sentirnos realmente seguros. Todo ello, según prometen, sin tocar los fundamentos del sistema. PD - Como reprochan los italianos, efectivamente las muertes de inmigrantes por disparos de armas de fuego y un número indeterminado de heridos en el intento de saltar las vallas de Ceuta y Melilla en el otoño de 2005, así como otros abusos de las fuerzas de seguridad en estos pasos fronterizos, denunciados por decenas de organizaciones, aún siguen sin aclarar. Los acuerdos con Marruecos, cuyas fuerzas de seguridad hacen deportaciones masivas de inmigrantes y refugiados al desierto y a lugares minados, para impedir el paso de subsaharianos a la soñada Europa, siguen vigentes. * Secretaría Susana López es Secretaria de Migraciones del PCE
.El capitalismo, estúpidos Julio Anguita González / jun 08 Los bancos y las cajas piden al Gobierno que use el Fondo de Reserva de las pensiones contra la crisis crediticia. Los jefes de gobierno de la UE han pedido recientemente y de manera unánime que las demandas salariales se atemperen a fin de combatir la inflación. Desde todos los foros y ámbitos de análisis económico se viene advirtiendo que esta crisis es de una extraordinaria dimensión y tendrá consecuencias muy negativas, especialmente en España. Por lo pronto algunas cajas de ahorros comienzan a sentir el dogal de la falta de liquidez, producto de sus alegrías inversionistas en el ladrillo y la subsiguiente especulación urbanística. En Diciembre del año pasado Javier Gómez- Navarro antiguo Ministro de Felipe González y actual Presiente de las Cámaras de Comercio de España declaraba sin ambages que los recursos del Estado deberían provenir en su mayoría de los impuestos indirectos (fundamentalmente el IVA) porque los pudientes tenían mecanismos de sobra para burlar a la Hacienda española en lo concerniente a sus rentas de capital. Los impuestos sobre Patrimonio, Transmisiones y Beneficios empresariales comienzan a ser eliminados del horizonte impositivo español alegando que esas medidas promoverán la inversión y la "consecuente creación de empleo". El Gasto fiscal representado en deducciones, exenciones y bonificaciones al capital no sólo se mantiene sino que aumenta "a fin de que se creen riqueza y puestos de trabajo". El crecimiento económico medido a través del PIB (siglas mágicas para los gurús de la economía capitalista) sigue en un constante declinar previsión tras previsión. La precariedad avanza, el paro aumenta, las hipotecas siguen ahorcando a las economías familiares y los mileuristas son ya considerados unos privilegiados por colectivos cada vez más numerosos; es el cuento del hombre pobre que comía altramuces. Las mujeres, en situación de paridad en los Consejos de Ministros y otras administraciones no perciben en infinidad de casos el mismo salario que los hombres en condiciones laborales semejantes. Sobre los inmigrantes sin papeles se ha decretado desde toda la UE la caza, captura y deportación consecuente tras internamientos o confinamientos ante el silencio total de la inmensa mayoría. La crisis es triple: económico-financiera, energética y alimentaria. El monto monetario global multiplica por cinco el valor de los bienes que se supone debe representar. La inflación en estos y en los demás pagos tiene como componente fundamental el auge desmesurado de los beneficios empresariales y no los incrementos salariales. Sentencias de tribunales ya dan por buena y aplicable la directiva Bolkenstein. Y así casi hasta el infinito. Las explicaciones que se están dando abundan en la idea de que el aumento del nivel de consumo de China e India está produciendo el desfase energético y alimentario. Ese argumento expresa, por otra parte, que el concepto de calidad de vida instalado por el capitalismo es incompatible con los Derechos Humanos aplicados a los 6.300 millones de habitantes del planeta Tierra. El propio concepto del PIB como medidor universal de lo que llamamos crecimiento sostenido comienza a ser cuestionado y en algunos trabajos de prospectiva se plantea ya el concepto de Decrecimiento aplicado a determinadas variables en la producción de bienes y servicios. Ante este panorama la izquierda no puede realizar sus análisis en función de los espacios electorales y sus techos máximos. El lenguaje edulcorado que obvia una realidad en la que la radicalización del conflicto Capital- Trabajo viene expresada por la realidad insoslayable y también por las descarnadas declaraciones y propuestas de los administradores gubernativos de la Globalización. Ante la Asamblea Federal de IU estas son las cuestiones que deben centrar el debate y la voluntad de organizar la respuesta. No hagamos más brindis al sol; el Capitalismo, estúpidos.
"LAS VÍCTIMAS DE LA ZONA REPUBLICANA SÍ RECIBIERON UNA SEPULTURA DIGNA" nada HOY.es/INÉS GALLASTEGUI/8-04-2008 El hispanista inglés Paul Preston está en Granada para participar en el Hay Festival. Conversó con la escritora Almudena Grandes y habló sobre los corresponsales de guerra. Concede una entrevista mientras desayuna con su esposa en el hotel Alhambra Palace y recuerda con humor que en una de sus visitas a Granada, en 1971, apareció en los ecos de sociedad del periódico 'Ideal', fruto de una broma entre amigos, como «el prestigioso historiador británico Paul Preston, en viaje privado». «¿Y yo era un estudiante!», explica, jocoso. «Mis lazos con Granada vienen de una intensa amistad con una familia de aquí. Mi mejor amigo en España y la persona a quien debo hablar español era un 'granaíno', Jerónimo González, hijo del catedrático David González Maeso, uno de los expertos en el mundo hebreo más famosos en su día». Preston recuerda aquella época con cariño: «Lo que a mí me cambió la vida de verdad fue descubrir España. Yo era un chico de clase obrera del norte de Inglaterra, lo menos cosmopolita que se puede imaginar». Su descubrimiento, asegura, fue un flechazo que terminó en matrimonio. -¿Por qué se escriben ahora tantos libros sobre la Guerra Civil? -Sigue siendo un tema candente. Lo prueba el hecho de que se escriban y, sobre todo, se vendan tantos libros. Sigue candente, por un lado, por la lucha de las muchas agrupaciones de recuperación de la memoria histórica y, por otra parte, por las campañas de derechas que dicen que eso es remover las cenizas.
-Necesaria e insuficiente. Pero entiendo por qué ha tenido que ser cautelosa. Como historiador, me parece peligroso intentar legislar sobre la memoria. Se presta a confusión; da la impresión de que se puede definir la memoria, y hay muchas versiones: cada uno tiene su memoria. Para mí, hubiera sido mejor llamarla 'Ley del Conocimiento Histórico'. Era necesaria, aunque el nombre me causa una cierta incomodidad profesional. -¿Qué opina de la exhumación de las fosas comunes? -Si es la familia la que quiere la exhumación porque quiere saber donde están los restos de sus familiares y darles sepultura digna, es un derecho elemental. -La familia de Federico García Lorca se enfrenta a las de los represaliados enterrados junto a él porque no quiere remover el pasado. ¿Es un símbolo de las dos posturas sobre este tema? ¿Qué cree que debería hacerse en este caso? -No soy Salomón; tienen que ponerse de acuerdo las familias. La familia Lorca no es un símbolo. En general, los que no quieren exhumaciones no son familiares; son gente que participa de esa falsedad de que este proceso de recuperación de la memoria histórica podría provocar otra guerra civil, que es una ridiculez inmensa. Hay que recordar que las víctimas de los desmanes en zona republicana sí recibieron sepultura digna; sí que tienen sus nombres en las paredes de las iglesias; y sus muertes fueron investigadas por el aparato del Estado franquista. Y las víctimas del golpe militar son muchísimas más -como mínimo tres veces más- que las de los incontrolados en zona republicana. -¿Cree que aún hay dos Españas? -No. Creo que hay unos elementos que, por razones políticas, quieren dar esa impresión. Pero la inmensa mayoría de la población no va pensando en esas cosas, sino en cómo llegar a fin de mes. -¿Qué le parece el Bicentenario del Dos de Mayo como intento de recuperar el patriotismo español sin una impronta derechista? -Es la primera noticia que tengo. Pero no me parece mal. -La Familia Real en España ha sido intocable durante muchos años. ¿Cree que las críticas que se le hacen ahora pueden significar que se cuestiona la Monarquía? -No sé si eso significa que, sociológicamente, hay un resurgimiento del republicanismo. Es absolutamente normal en una democracia que el mismo sentido crítico que se debe aplicar a toda la clase política se aplique a la Familia Real. Es lo que pasa en Bélgica, en Holanda, en Dinamarca y en Gran Bretaña. Pero una cosa es el reportaje crítico y otra, husmear en los cotilleos de la Familia Real, como hacen las revistas del corazón. A mí ni me interesa ni me parece que le sirva a nadie, pero yo en eso soy muy carca. Yo no soy monárquico, pero creo que una observación crítica e inteligente mostraría la importancia de la Monarquía para España. Si estuviéramos ahora en la Tercera República, el jefe de Estado sería o del PP o del PSOE. Con el nivel de crispación que ha habido entre el PP y el PSOE, ¿eso sería terrorífico! Lo que ofrece el Rey es una jefatura de Estado neutral y ese, dejando de lado todos los sacrificios que ha hecho el Rey durante la Transición, es un servicio crucial e impagable. -El Hay Festival ha invitado a varios intelectuales árabes en su primera edición en Granada. ¿Puede la cultura prevenir los conflictos y mejorar el entendimiento entre Oriente y Occidente? -En general, sí. La idea de los organizadores me parece magnífica, pero no sé hasta qué punto esto va a tener eco en el mundo árabe. Creo que es también un pequeño homenaje a la ciudad que acoge el festival. Como el homenaje emotivo que se hizo a Paco Ayala. Es una muestra de sensibilidad. PAUL PRESTON Nació en Liverpool (Reino Unido) en 1946. Es doctor en Historia por la Universidad de Oxford, catedrático de la London School of Economics y director del Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea. Entre sus obras más destacadas están 'Franco: caudillo de España' (1994), 'La Guerra Civil' (2000), 'Las tres Españas del 36' (2001), 'Juan Carlos: el Rey de un pueblo' (2003) e 'Idealistas bajo las balas' (2007). ![]() |
Artículo de Gaspar Llamazares
en el País El "tsunami bipartidista" y el sistema electoral Gaspar Llamazares - 26/03/2008 Negar que el resultado electoral ha sido un tsunami bipartidista, impulsado por la polarización de una campaña en torno a los dos grandes partidos, PSOE y PP, es ignorar que las restantes fuerzas políticas del arco parlamentario han bajado sustancialmente en número de votos, menos BNG y Na-Bai, que se mantienen. En el caso de Izquierda Unida este tsunami ha tenido devastadores efectos, porque el sistema electoral magnifica la pérdida de votos de la tercera fuerza estatal, convirtiéndola en una catástrofe parlamentaria, con una desproporcionada pérdida de escaños. Obviamente, IU no puede atrincherarse en estas causas para razonar exclusivamente sobre ellas su grave retroceso. Cualquiera que fuera el sistema electoral, hay cuestiones previas que nos obligan a reflexionar sobre la posición y rumbo políticos futuros de nuestra organización. Ya en la misma noche del 9-M comenzamos a hacer una sana y constructiva autocrítica sobre los motivos de estos resultados. Lo hemos empezado a hacer tanto de forma colectiva como a título particular; en lo que a mí me corresponde, asumiendo mi responsabilidad directa en estos resultados. Por ello anuncié desde el primer momento, de manera creo que meridianamente clara, mi decisión de no presentarme de nuevo como candidato a la coordinación general en la próxima IX Asamblea Federal. Y esta autocrítica la seguiremos haciendo en los próximos meses en los órganos de dirección de IU. Somos transparentes y claros en nuestros análisis, y así se lo trasladaremos a nuestros militantes y a ese casi millón de votantes que nos han dado su confianza. Las más de dos décadas de historia de Izquierda Unida no han sido, sin duda, un camino de rosas. Si algo hemos demostrado todos los hombres y mujeres que formamos esta organización es que sabemos cómo enfrentar los errores y cómo aprender de ellos para salir adelante. Sabemos, además, que sobre nosotros están puestas muchas miradas, incluso las de aquellos que han silenciado y negado deliberadamente espacio a nuestras propuestas políticas en la larguísima precampaña y campaña electorales, y ahora no escatiman tinta, minutos de antena ni opiniones sobre nuestra situación. Aun así, muchas gracias a todos ellos por este repentino interés, frente al que sólo nos cabe desear que continúe en breve cuando volvamos a llenar la vida política de este país con propuestas políticas en positivo como izquierda progresista y transformadora que somos. En este contexto, un argumento que se utiliza también para explicar la bajada de IU es que el sistema electoral siempreha sido el mismo y, sin embargo, la pérdida de votos y de escaños, con altibajos, se ha repetido en los más de 30 años de democracia. Esto es cierto, pero se trata de un efecto que, en parte no pequeña, viene propiciado por el mismo sistema electoral. El reducido tamaño de la mayoría de las circunscripciones (menos de seis escaños a repartir), combinado con la fórmula D”Hondt, ha provocado que, elección tras elección, la mayoría de escaños sean en exclusiva para los dos primeros partidos. Ello ha llevado poco a poco al electorado al convencimiento de que el voto útil no es una argucia de los grandes partidos para hacerse con los posibles votos de los otros grupos, sino una necesidad para evitar que gane el gran partido contrario. El propio Rodríguez Zapatero reconoció el 14-M de 2004 que el PSOE tenía votos prestados de IU. Me consta que, aunque ya no lo diga públicamente, lo mismo piensa ahora, tras una campaña marcada desde las filas socialistas por el miedo al regreso del PP al gobierno. Pero Izquierda Unida no es el PSOE. Tenemos otros cuatro años por delante para volver a demostrarlo en la práctica y quien pueda estar tentado a hacer la cuenta de la lechera se equivocará, y mucho, si piensa que determinadas cosas pueden prolongarse y estirarse hasta el infinito. Al margen de esto, hay que llamar la atención sobre que el resultado electoral muestra una vez más una grave deficiencia del sistema democrático. Una democracia parlamentaria, basada en el principio de soberanía popular y en la igualdad de todos los ciudadanos, no puede articular la representación política en un sistema que distorsiona de manera perversa la relación entre votos y escaños. Cierto que un sistema electoral es un instrumento no sólo para crear representación parlamentaria, sino también para garantizar la formación de gobiernos estables. Es admisible que el sistema dé un plus de representatividad a los grandes partidos para favorecer la gobernabilidad y, por tanto, un sistema puede ser más o menos proporcional. Lo que no puede suceder, en términos democráticos de igualdad, es que la traducción de los votos en escaños arroje un resultado contradictorio, de manera que partidos con poco más de 300.000 votos tengan media docena de diputados, mientras IU, con casi un millón, obtenga sólo dos. En número de votos, IU es la tercera fuerza política de España, pero dentro del Congreso es la sexta, por detrás de CiU, PNV y ERC. En contra de lo que suele pensarse, no es que estos partidos nacionalistas estén sobrerrepresentados, es que IU está infrarrepresentada, en beneficio del PSOE y PP. Esta distorsión de la representación tiene graves consecuencias, aparte del perjuicio democrático que se causa al votante de la tercera fuerza estatal y a esta misma formación en su presencia parlamentaria y en su financiación pública. El sistema electoral impide que emerja una tercera fuerza política a nivel nacional, sea de centro, de derecha o de izquierda, con capacidad para contribuir al gobierno de la nación. Dado nuestro sistema de partidos, el gobierno de turno ha de buscar sus apoyos en exclusiva en formaciones nacionalistas, que tienen menor apoyo ciudadano e intereses políticos territoriales que priman sobre los generales, pero que cuentan con más diputados. A aquellos que hipócritamente nos acusan de exponer esto precisamente ahora, tras el descalabro electoral, sólo les puedo aconsejar que hagan el pequeño esfuerzo de informarse, si bien la recomendación caerá en saco roto porque tener buena información deja en evidencia la premeditación buscada en sus análisis. Las hemerotecas, videotecas y las actas del Congreso y de los parlamentos regionales de los que formamos parte están repletas de este mismo análisis que ahora reiteramos y de las propuestas políticas para intentar ponerle remedio lanzadas por IU desde hace más de dos décadas. Quien no quiera verlo sólo se engaña a sí mismo y hace un flaco favor profesional a la audiencia a quien se dirige. Hemos defendido y vamos a seguir defendiendo con vehemencia que se arbitre un sistema electoral en el que la voluntad política del conjunto de los ciudadanos y ciudadanas manifestada en las urnas no quede pervertida y transmutada en su representación en el Congreso de los Diputados. En una democracia parlamentaria la representación política
debe basarse en la representatividad de los votos, no de la cocina
electoral al gusto de los grandes chefs. ![]() |